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Nota de Prensa

¿Cómo es el adulto que ha recibido una crianza positiva?

21 abr 2020 lLeída 4.304 veces lCompartir Nota de Prensa
¿Cómo es el adulto que ha recibido una crianza positiva?

En este artículo se lleva a cabo una reflexión sobre la como crianza positiva puede tener numerosos efectos positivos en el desarrollo adulto.


Que los psicólogos le otorguemos tanta importancia a la relación de nuestros pacientes con sus padres, no es casualidad ni un capricho. El estilo de crianza con el que hemos sido educados resulta fundamental en nuestra formación como adultos.

En función del tipo de apego que hemos establecido con nuestros cuidadores principales (apego seguro, apego evitativo y apego ansioso ambivalente), en el futuro nos apegaremos con otras personas.
La crianza positiva es un término que hace valedora la expresión “mejor prevenir que curar”. El adulto que la ha recibido no es perfecto, e igualmente sufre y tiene problemas como todos los demás. Sin embargo, haber sido educado con crianza positiva nos convierte en adultos con una relación mucho más cercana con algunos aspectos como son el amor, la compasión o el cuidado.

No solamente con los demás, sino que también, hacia uno mismo. Lo cual es si cabe, aún más importante. Es fácil detectar, por como la persona lleva a cabo su propio cuidado, si ha recibido una crianza positiva o no.
Un adulto criado de manera positiva, sabrá identificar sus necesidades y satisfacérselas. Sabrá también, escuchar y darse el permiso para ser escuchado (la famosa asertividad).

 
Los beneficios psicológicos en el adulto de una crianza positiva

Los beneficios psicológicos en el adulto que ha recibido una crianza positiva son tantos como aspectos relacionados con la psicología y la emocionalidad se nos puedan ocurrir.

El apego y la educación son los cimientos sobre los que construiremos nuestra relación con el mundo. Sabemos qué, gran parte de nuestra personalidad se cimenta de los 0 a los 3 años. De manera qué, todo aquello que hagan con nosotros y ocurra durante este tiempo va a ser de vital importancia en el desarrollo de nuestra personalidad.

Muchas de las dificultades que presentan mis pacientes (y no sólo ellos) son: un exceso de autocrítica, conductas adictivas, miedo al abandono, dificultad para comprometerse, dificultad para identificar y expresar lo que sienten y un larguísimo etcétera de cuestiones que tienen mucho que ver con cómo nos han enseñado y educado.

Y no sólo esto, sino también como nos lo han hecho sentir. Ya que aspectos como el amor, la valoración, la admiración recibida u otros, es necesario sentirlos en la piel. Una de las características más llamativas del adulto que ha sido criado de manera positiva, es su relación con la vulnerabilidad.

La vulnerabilidad consiste en la expresión de nuestras imperfecciones; cuando de tolerantes somos con nosotros mismos y si nos llegamos a aceptar verdaderamente tal y cómo somos. Haber experimentado el amor y la aceptación de nuestros cuidadores, provoca que de adultos seamos capaces de reconocer nuestros errores, nuestras inseguridades y mostrarnos colaborativos con los demás, en vez de competir con ellos.

Si tu caso es de una madre o un padre que quiere mejorar o adquirir habilidades de crianza positiva, voy a compartir contigo una serie de epígrafes que a mí parecer resultan fundamentales a la hora de educar y criar.

 
Enseñando habilidades de regulación emocional


La capacidad de regulación emocional es seguramente el déficit que más encuentro en consulta y que más sufrimiento genera. Esta no es más que la habilidad que tenemos para calmar y sostener nuestras emociones.
Cuando esto no nos los han enseñado desde pequeños, de adultos pueden pasarnos dos cosas: que tengamos miedo a las emociones y tratemos de controlarlas mucho, o bien justo lo contrario, que seamos incapaces de gestionar los impulsos y las reacciones emocionales que nos surgen.

En este sentido, los padres son fundamentales, ya que son ellos quién mediante su coregulación enseñan al infante a regularse. Pongo un ejemplo: si mi hijo se acaba de caer, y yo como padre, entro en cólera o me asusto mucho, estaré generando más inquietud en el infante y transmitiéndole un mensaje de pánico a su cerebro.
Por el contrario, si soy capaz de guardar la calma, permanecer a su lado y después, explicarle lo que sea que haga falta para que también entienda la cosas, le estaré enseñado a afrontar las emociones de una manera mucho más adaptativa.

En resumen, son los padres quiénes deben saber regularse a sí mismos para poder enseñar habilidades de regulación emocional a sus hijos.

 
Animando a explorar sin sobreproteger

En consulta venimos notando un cambio en el tipo de paciente que llega para hacer terapia. Si bien, muchos de nuestros pacientes adultos tenían vínculos con sus padres de cierto abandono emocional o desprotección, en la actualidad encontramos muchos casos de padres sobreprotectores con sus hijos y que les impiden explorar.
Esta sensación creciente de vivir en un mundo cada vez más complejo, es posible que nos lleve a querer aislar a nuestros hijos de la cantidad de peligros a los que pueden estar expuestos.

Aunque es indudable que debemos protegerles de ciertas cosas, también debemos dejarles explorar. Si nos comportamos de manera invasiva y/o excesivamente controladora, estaremos impidiendo el crecimiento natural y fomentando la dependencia cuando sean adultos: incapacidad para afrontar ciertas cosas, por ejemplo, el tener que tomar decisiones.

Seguro que has escuchado en más de una ocasión la frase “ser padres suficientemente buenos”. Si queremos que todo salga perfecto, estaremos colocando sobre nuestros hijos la presión de que así sea. El perfeccionismo es una de las mayores condenas en la actualidad.

 
Enseñando a pensar

Enseñar a pensar y desarrollar una actitud de pensamiento crítico en nuestros hijos es una de las mejores cosas que podemos hacer por ellos.

Esto se hace hablando con ellos y preguntándoles por lo que piensan, en vez de decirles lo que deben creer. Animarles a que se cuestionen las cosas y se pregunten por el sentido de las mismas, incluso a dudar sobre si las cosas son exactamente como nos las cuentan.

La habilidad del pensamiento crítico se torna más fundamental que nunca ahora que vivimos impregnados de las redes sociales. En estas, se proyecta un escaparate social, el cual debemos saber interpretar como tal y separarnos, aunque hagamos uso de él.

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