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Artículos de opinión

¿Estás listo para ver que ya estás en la vida que deseas? La Educación Ontológica te ayuda a verlo… si estás dispuesto

3 mar 2022 l Leída 709 veces l 4 min l Compartir Artículo

La envidia es una venda que no te deja ver la verdad que tienes delante. A menudo la persona cuya vida envidias, envidia la tuya. ¿Por qué los demás pueden ver lo bueno de tu vida y tú no?

¿Cómo medimos el éxito en nuestras vidas? Por lo general, nos comparamos con los demás, ¿no?


«Mira el coche que se ha comprado no sé quién»
«Mira la relación que tienen Fulanito y Menganito»

«Mira el nuevo piso en el que vive este»

«Mira el nuevo puesto del otro»


Aspiramos a ser como alguien de ahí afuera, a vivir SU vida, a ser como él. 


Y creemos que eso nos hace avanzar, crecer, mejorar. Dicen que la competición es sana. 


Sí… la competición puede ser sana, si sabes contra quién competir. Y es que no debemos confundir la competición con la comparación. Esta última es una venda que te oculta la realidad ante tus ojos:


Ya tienes tu mejor vida, aunque no lo sepas. 


Te voy a contar una historia:


Recuerdo conocer a Marta y Carlos en una conferencia… era la pareja perfecta. Pelo rubio y ondulado, altos, guapos…


No es broma. ¿Sabes esa sensación de que cuando la vida quiere mostrarte algo saca los accesorios de película de Hollywood?


Pues debían de ser uno de ellos: Marta estaba delgada, llevaba una blusa de algodón color azul suave. Él, rubio también le acariciaba el pelo y susurraba al oído. 


Yo les miraba con fingida indiferencia. 


Él fue el cantante del evento en el que estábamos. Divertido, ingenioso, hizo llorar y reír con sus canciones originales y poco convencionales. 


Marta y Carlos se habían conocido en otra conferencia y habían estado viajando por el mundo juntos desde entonces:


Habían meditado al amanecer en México.

Habían bebido copas de pasto de trigo.
Habían paseado por playas iluminadas por la luna en Hawái y comido papaya fresca en el balcón de una granja que les prestaron unos amigos. 

Leen las auras, las palmas y las cartas astrológicas.


Empalagoso, dulce, excesivo… tenía ganas de vomitar. 


«Somos almas gemelas» dijo Carlos sobre Mata. 


Eran repugnantes. En ese momento la obsesión me golpeó como un huracán, yo no tenía pareja, es más, me estaba divorciando. 


Me dolía cada vez que él la miraba o ella se reía, porque me sentía sola, sin amor y no creía que lo fuera a encontrar jamás. 


En un momento, ella miró hacia mí y me vio. Sonreí con una sonrisa forzada del tipo «estoy contemplando tu amor, nada más» antes de alejarme. Más tarde ese día ella se acercó y me preguntó si podía hablar conmigo. Yo fui uno de los conferenciantes invitados. «Genial» pensé. 


Tenía miedo, no quería escuchar lo grandiosa y maravillosa que era su vida. Pasaba por un momento horrible de mi vida, estaba frágil y me resultaba difícil alegrarme por los demás.


No había escapatoria. Nos sentamos en un rincón para charlas y, de la nada, Marta dijo:


«Odio mi vida.

Estoy tan asustada.

Carlos me está asfixiando con su amor y necesito salir de esta relación. No sé cómo decírselo. 

Tengo miedo de decir la verdad. 

No quiero hacerle daño.

Pero estoy viviendo una mentira de nuevo». 


Me miró con esos ojos azules en los que podías pasar una eternidad sin apenas darte cuenta y dijo lo impensable: 


«Ojalá pudiera ser como tú. Eres tan auténtica y real».


Ahí estaba, llevaba todo el día envidiando su perfecta vida. Y ella, por su parte, envidiando mi desastre de vida. 


Lo cierto es que nunca sabes de verdad cómo es la vida de la otra persona. Yo llegué a tener la vida perfecta: una casa en la playa, un buen trabajo, dinero en abundancia, marido, hijos…


Y, sin embargo, sufría y me sentía atrapada. Mientras todos me decían que tenía una suerte inmensa, yo me sentía frustrada, hundida, falsa.



¿Sabes por qué deseamos la vida de los demás? 


Porque no estamos viviendo nuestra auténtica vida. Cuando no somos conscientes de lo que tenemos, anhelamos lo que tienen los demás.


Y la ironía está en que cuanto más nos enfocamos en lo que tienen los demás, más olvidamos lo que tenemos nosotros. 


No debes salir fuera a buscar la vida que quieres, ya la tienes dentro. Pero también te autosaboteas, tú eres el único culpable de no lograr lo que deseas y, al mismo tiempo, el único que puede solucionarlo. 


Imagina que tienes un saco lleno de manzanas y una de ellas está podrida. ¿Qué pasa? Que las demás se van pudriendo. Tienes que solucionarlo y lo que haces es pasar todas las manzanas, incluso la podrida, a otro saco. Cambias el saco pensando que así se va a solucionar el problema. 


Porque es más fácil buscar las soluciones por fuera, buscar un saco nuevo, que sentarte y mirar dentro, analizar las manzanas y quitar las que causan el problema. 


Eso es tu vida ahora mismo. 


Puedes seguir buscando soluciones que nunca van a llegar, o puedes empezar a mirar dentro, dónde está esa manzana podrida que contamina a todas las demás. 


Solo necesitas un segundo de coraje, ser valiente, tomar la decisión y estar dispuesto a esforzarte.


Yo puedo ayudarte con eso. Puedo guiarte para que no hagas el camino solo. 


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