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Artículos de opinión

“Allí donde se queman libros…”

15 oct 2021 l Leída 456 veces l 9 min l Compartir Artículo

La escandalosa progresión del hostigamiento que padecen los testigos de Jehová en Rusia, sujetos a verse asaltados en la intimidad de sus hogares, golpeados, insultados de manera grosera y amenazados con actos de degradación moral viles y repugnantes, y eso al amparo de las autoridades y con absoluta impunidad, hace presagiar lo peor. Este artículo expone el problema, pero ¿puede la comunidad internacional ponerle voz?

Sobre el adoquinado de la Bebelplatz de Berlín, en una placa de bronce que se halla prácticamente en el centro de tan ampuloso espacio, se puede leer una frase del poeta alemán del siglo18, Heinrich Heine, en la que, como si hubiese presentido lo que un siglo después encarnaría el nazismo, dice: “Allí donde se queman libros, se acaba por quemar personas”.

Quien lea esta frase hoy, tal vez diga: “Pero eso fue hace unos ochenta y cinco años, en una época en la que toda Europa se encogió aterrada, presa de un escalofrío tenebroso, al grito unánime del pueblo alemán, que enfervorizado vociferaba: Heil Hitler! Ahora estamos en el siglo 21…”.

¡Quién va a negar esto último! Pues sí, estamos en el siglo 21.

Sin embargo, ¿garantiza el hecho de haber entrado ya en la tercera década de este siglo que aquella locura asesina no se volverá a repetir? Tal vez la reflexión que mejor serene ese pensamiento triunfalista sea la de Stefan Sweig cuando, en su libro Castellio contra Calvino. Conciencia contra violencia[1], dijo: “La Historia es flujo y reflujo, un eterno subir y bajar. Nunca un derecho se ha ganado para siempre, como tampoco está asegurada la libertad frente a la violencia, que siempre adquiere nuevas formas”.

¿Cómo es posible en el ‘avanzado’ siglo 21 despojar de derechos, como la libertad de vivir y practicar la religión que se profese ―siempre y cuando ese conjunto de enseñanzas que conforman su credo no atente contra las libertades ajenas― a personas pacíficas solo por lealtad a sus principios y a su fe?

El nacionalsocialismo creó el procedimiento. Tal y como hizo con el pueblo judío, sus principales víctimas, el primer paso fue la estigmatización, dibujar ante la opinión pública la imagen del ‘enemigo’, como aquello del contubernio judeomasónico de tan nefando recuerdo... ¿Cómo estigmatizó Hitler a los testigos de Jehová a fin de exterminarlos? Dijo de ellos: “Estos llamados estudiantes de la Biblia solo crean problemas. Son un obstáculo a la vida normal del pueblo alemán. Les considero unos charlatanes. [...] Haré confiscar todos sus escritos”[2]. Para conseguirlo estructuró tres criterios:

Un pueblo y una raza elegidos. Es decir, el concepto de una comunidad nacional orgánica, unida por lazos de sangre y de raza, convencida de su misión superior en el mundo, conforme a la férrea ley de la necesidad y del derecho a la victoria de los mejores y más fuertes. Con esta doctrina, convertida rápidamente en verdad oficial, los Testigos de Jehová, por su lealtad obstinada a los valores evangélicos y a la universalidad cristiana, solo eran seres marginales, dañinos y peligrosos, que había que combatir y erradicar.

Un líder totalitario y deificado. No cuesta nada imaginar cómo la negativa de los Testigos a prestar apoyo en forma alguna al régimen nazi, ni siquiera haciendo el saludo: Heil Hitler!, debió enfurecer a las autoridades alemanas que, en cambio, se deshacían en reverencias y pleitesías serviles ante el Führer y su omnímoda voluntad. El carácter religioso de ese saludo queda perfectamente explicado en el libro El alfabeto contra la diosa, de Leonard Shlain, que dijo: “Las prietas filas de alemanes con el brazo extendido gritando Heil Hitler! fue la prueba de que habían abandonado a Dios y habían transferido su fe al Führer”[3].

El carácter místico-religioso del nazismo: una nueva religión. La ‘teología’ nazi fue el corpus de una religión secular que preconizaba un nuevo milenarismo, el reino o dominación mundial del Tercer Reich. Así, la fe inquebrantable de los Testigos, en palabras de Martin Bormann[4], hacía que “la concepción nacionalsocialista y la concepción cristiana [de los Testigos] fuesen irreconciliables”, porello, Hitler no tuvo reparos en decirle a Hermann Rauschning: “Nosotros también somos una iglesia”[5].
En torno a al 97% de los Testigos alemanes sufrieron mayor persecución que las otras Confesiones; y más de dos mil murieron como consecuencia de aquella perversa trama.[6]

¿Es esto lo que está ocurriendo en Rusia?

No exactamente, los modelos no tienen por qué corresponderse en todos sus extremos, pero la esencia sí es la misma. ¿Cuál es el estigma que se ha formulado en Rusia para desprestigiar a los Testigos? Con la Ley Federal Rusa en la mano, se les ha colgado el sambenito de ‘extremistas’. Con esta ley como base para las acusaciones contra los testigos de Jehová, los funcionarios pueden prohibir las actividades de una asociación religiosa por ‘alterar el orden público’ o por participar en actividades que se estimen ‘extremistas’. Sin embargo, la ley, que fue enmendada en 2006, no define qué es ‘extremista’ ni precisa que lo condenable sean acciones violentas. Más bien, da una noción imprecisa del concepto “instigación a la discordia […] religiosa”. Sobre esa base, a partir de 2017 y de manera sistemática y secuencial, los tribunales rusos dictaminaron que: 1) Las publicaciones de los Testigos son ‘extremistas’ y, por ello, la entidad religiosa es culpable de organizar y participar en “actividades extremistas”. Por lo tanto, todas sus publicaciones deben prohibirse. Con esa “tabla rasa” como criterio se encadenan todas las demás actuaciones: 2) El 15 de marzo de 2017, el Ministerio de Justicia presentó una demanda ante el Tribunal Supremo para “declarar extremista a la organización religiosa registrada con el nombre de Centro Administrativo de los Testigos de Jehová, prohibir sus actividades y disolverla”. 3) Casi en paralelo, se disuelven más de 395 entidades locales, y quedan expuestas al mismo proceso las más de 2.277 congregaciones de la Confesión. Y 4), se ilegaliza a los testigos de Jehová, dejando sujetos a enjuiciamiento penal a los más de 175.000 Testigos residentes en la Federación y, en serio riesgo de pasar por la misma apisonadora, a los más de 115.000 simpatizantes, que asistían de manera habitual a sus reuniones religiosas o seguían cursos bíblicos semanales.

Como las autoridades han violado impunemente los derechos fundamentales de los Testigos y ven la práctica de su religión como ilegal, hay ciudadanos rusos que creen que esta decisión les da licencia para discriminar a los Testigos, y hasta para cometer delitos de odio contra ellos. Así, la cadena va sumando eslabones:

La policía realiza redadas durante los servicios religiosos La policía de Dzhankoy (república de Crimea) entró en el lugar de culto de los Testigos cuando el servicio religioso estaba terminando. Los agentes dijeron que, desde la decisión del Tribunal Supremo, los Testigos no tienen derecho a celebrar reuniones religiosas. Registraron el local y lo clausuraron para que los Testigos no lo volvieran a usar.

Violaciones de derechos humanos por parte de agentes no estatales En Lutsino (región de Moscú), alguien quemó por completo la casa de una familia de Testigos, así como la casa de al lado, donde viven los padres mayores de uno de ellos. Justo antes de quemar la casa, esta persona dijo que odiaba la religión de la familia.
En Bielgorod, un testigo de Jehová salía de su casa cuando una persona le gritó: “¡Su religión está prohibida!”, y a renglón seguido lo agredió. En Tiumén, un grupo de hombres interrumpió el servicio religioso de los testigos de Jehová y, con palabras groseras e insultos, amenazaron con golpear a los asistentes. En Zheshart (república de Komi), un grupo de personas prendió fuego a un edificio que usaban los testigos de Jehová para sus servicios religiosos, causándole daños significativos.

Despidos: El 15 de mayo de 2017, la dirección de una fábrica de productos químicos en la región de Smolensk despidió a todos sus empleados testigos de Jehová. Al parecer, la dirección dijo que el Servicio Federal de Seguridad les había dado la orden de despedirles porque personas “extremistas” no podían trabajar en la fábrica[7]. En algunas empresas hasta han sido víctimas de acoso en el espacio laboral.

Jóvenes escolares Del mismo modo, en algunas escuelas los jóvenes Testigos han sido víctimas de acoso y burlas denigratorias, lo que les ha ocasionado daños tanto físicos como psicológicos.

La situación actual de los testigos de Jehová “es especialmente preocupante”

Jarrod Lopes[8], portavoz internacional de los testigos de Jehová en la Central Mundial, Estado de Nueva York, comentó: “Nos horroriza escuchar que cuerpos especiales de la Guardia Nacional rusa torturaron a un hombre, golpearon severamente a otro y agredieron a mujeres simplemente por sus creencias cristianas. Son ataques crueles, cobardes e inhumanos. […] Las autoridades rusas han llegado incluso a intimidar de forma rutinaria a testigos de Jehová de edad avanzada y salud delicada, encarcelándolos injustamente, imponiéndoles elevadas multas y tachándolos de delincuentes. Expertos en derecho, y organismos internacionales continúan pidiendo a Rusia que detenga la persecución religiosa sistemática. Los testigos de Jehová solo quieren practicar su religión libremente en su país de origen, como lo hacen sus compañeros de creencia en más de 200 países y territorios en todo el mundo”.

Robert Destro, Profesor de Derecho en la Universidad Católica de América y subsecretario de Estado para Democracia, Derechos Humanos y Trabajo de 2019 a 2021, dijo: “Nada puede excusar la violencia contra personas religiosas. El arresto y retención de creyentes de cualquier fe es una maldad. El abuso físico y emocional en tales casos es un arma diseñada para castigar, desmoralizar y mandar un mensaje a los demás creyentes. Son tácticas clásicas de represión. Es algo intolerable en cualquier ámbito y en cualquier país” [destro@law.edu].

Michael Georg Link, director de la Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos Humanos de la OSCE, declaró: “Es especialmente preocupante que sin ninguna justificación se hayan declarado ilegales las actividades pacíficas de los miembros de las comunidades de testigos de Jehová de Rusia. [...] Les pido a las autoridades rusas que defiendan los derechos a la libertad de religión o creencias, la libertad de opinión y de expresión y la libertad de reunión y asociación que tienen quienes pertenecen a las comunidades de testigos de Jehová y que cumplan así con las leyes internacionales sobre derechos humanos y con los compromisos de la OSCE [Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa]”.

En resumen…

Cabe imaginar que la ‘paz’ y el recogimiento de los adoquines de la Bebelplatz ―escenario del ensañamiento nazi contra la cultura hace unos 85 años―, puede dejar en el transeúnte que haya leído las palabras de Heindrich Heine una sensación equívoca, una sobrada despreocupación, como un eco lejano, que le dice… “esto no volverá a pasar nunca más”. No obstante, tal vez por fortuna, un pensador iluminado como Stefan Sweig, le respondería rotundo, como para devolverlo a la severa realidad, como si le dijese ‘¡ojo, que…!’: “De cuando en cuando la Historia provoca retrocesos incomprensibles. […] En esos momentos, la humanidad parece recaer en la saña sanguinaria de la horda y la docilidad esclavista del rebaño”[9].

A esa respuesta me acojo, y firmaría, ¡ya desearía yo que fuera mía!, la declaración con la que Sweig completa su argumento: “Solo la idea de la libertad espiritual, idea de todas las ideas, que por ello no se rinde ante ninguna otra, resurge eternamente, porque es eterna como el espíritu”[10]. Sí, esa idea eterna resuena y resonará de manera magistral ―pese a quien pudiera pesarle― en las palabras de Cristo, cuando dijo: “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”[11].

Hay que reconocer que Jesús vinculó en una sola frase conocimiento, verdad y libertad, un trinomio que va más allá de una idea. Induce a actuar.

Sí, algo habrá que hacer…, antes de que la segunda parte del poema de Heine, que es consecuencia de la primera,
se convierta en una irrefrenable realidad.

Aníbal Iván Matos Cintrón
Director de la Sección de Información Pública
Testigos Cristianos de Jehová



[1] Editorial Acantilado, Quaderns Crema, S.A., pág. 251.
[2] Les Témoins de Jéhovah Face À Hitler, Guy Canonici, ed. Albin Michel, París, 1998, Préface, pág. II.
[3] El alfabeto contra la diosa, pág. 520, ed. Debate/pensamiento. Leonard Shlain es jefe de cirugía laparoscópica del California Medical Center.
[4] Secretario personal de Hitler en 1941, y jefe de la cancillería del Partido en el mismo año (véase Les Témoins de Jéhovah Face À Hitler, Guy Canonici, ed. Albin Michel, París, 1998, Préface, pág. V).
[5] Hitler me dijo..., de Hermann Rauschning, 1939.
[6] La persecución religiosa de los nazis: 1933-1945, de John Conway. Editorial Plaza y Janés, Barcelona, 1970, págs. 229-232.
[7] Situación de los testigos de Jehová en la Federación Rusa; Ed. CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado [www.cear.es]), pág. 15.
[8] Para más información, visite jw.org > Prensa > Noticias de los testigos de Jehová > Por Región: Rusia.
[9] Castellio contra Calvino. Conciencia contra violencia, de Stefan Sweig. Editorial Acantilado, Quaderns Crema, S.A., pág. 251.
[10] Ibidem, pág. 252.
[11] La Biblia de Jerusalén, Juan 8:32.


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