Inicio > Noticias > Artículos de opinión > Tenemos derecho a conocer la verdad sobre el origen del coronavirus

Artículos de opinión

Tenemos derecho a conocer la verdad sobre el origen del coronavirus

7 jun 2021 l Leída 747 veces l 3 min l Compartir Artículo

Desde que en el año 2019 apareció el coronavirus, la comunidad internacional se pregunta si la primera teoría, según la cual, desde el mercado de animales vivos de Wuhan surge el primer brote del SARS-CoV-2, es la única explicación.

Erase una vez de un virus, huésped de una animal dormilón, que se expandió por el aire y acabó con la vida de casi 7.000.000 de personas… Desde que en el año 2019 apareció el coronavirus, la comunidad internacional se pregunta si la primera teoría, según la cual, desde el mercado de animales vivos de Wuhan surge el primer brote del SARS-CoV-2, es la única explicación.

El presidente de Estados Unidos Joe Biden ha pedido a sus servicios de inteligencia que averiguen el origen del SARS-CoV-2, a la vista de la escasa transparencia de las autoridades chinas en este asunto.

Ya en enero del 2020 el Wall Street Journal, recogia unas palabras del senador Tom Cotton, que decían: "Me gustaría señalar que Wuhan tiene el único superlaboratorio de nivel cuatro de bioseguridad de China que trabaja con los patógenos más mortales del mundo, que podría incluir, sí , coronavirus."

Y en febrero de ese mismo año Botao Xiao de la Universidad de Tecnología del Sur de China publicó un artículo en el que concluía que el virus "probablemente se originó en el laboratorio de Virología de Wuhan". Un laboratorio con bioseguridad de nivel 4, el máximo posible, y especializado precisamente en virus SARS. Pero el gobierno chino que controla estrictamente la investigación sobre los orígenes de Covid-19, presionó y el investigador de biomecánica molecular retiró su publicación.

Sin embargo, el mundo aprendería más sobre lo que ha pasado, si como dice Yuval Harari en su libro Sapiens, “La cooperación social fuera la clave,” en pro de garantizar la supervivencia de la humanidad; aunque desgraciadamente, a lo largo de la historia “la ética”, elemento fundamental para este fin, es un propósito que los pueblos dejamos de lado cuando los intereses económicos y políticos van en otra dirección .

A la espera de que las investigaciones definitivas confirmen el origen real del virus, lo razonable es mantener abiertas todas las hipótesis. Porque son tantas las singularidades del Coronavirus, que el mundo tiene incertidumbres, y tiene derecho a conocer la verdad.

En el espacio global que hemos creado, millones de personas de los países ricos vivimos a expensas de la deuda que emiten nuestros gobiernos y que son la base de multitud de ayudas, servicios sociales o pensiones.

Si nuestra deuda es adquirida, como es bien sabido, por países en expansión, como China, necesitamos tener la confianza de que el futuro no está en manos de quienes no ofrezcan garantías de colaboración en pro de los pilares del humanismo occidental del siglo XXI; queremos que sean también, países que compartan con nosotros, no solo el bienestar, sino el respeto a principios fundamentales como la protección de los más vulnerables. Y el Covid-19 es un virus que ha seleccionado mortalmente a nuestros mayores y a los más débiles.

No hay mejor manera de dirigir mejor el futuro que tomar nota de lo vivido, y elegir entre las opciones posibles. Pero siempre al abrigo de la razón, la verdad y la ética.

El laboratorio de Wuhan trabaja codo a codo con el ejército de su país, y se ha mostrado especialmente reticente a compartir información acerca de su trabajo o de sus protocolos de actuación.

Tenemos derecho a una explicación sobre el origen del virus. Una explicación que no esté manipulada o dirigida como arma política o diplomática por las grandes potencias internacionales en su exclusivo beneficio.

Confiemos en no hacer buenas las palabras del antes mencionado Yuval Harari que advierte: “los humanos somos extremadamente buenos para adquirir nuevo poder, pero no somos tan buenos para traducir ese poder en una mayor felicidad” en pro de una mejora del bienestar real.

Moraleja: los pueblos queremos creer “las promesas” que nos hacen los ávidos de poder en el mundo, pero..., “que sean claras y nobles”, porque no cabae duda de que ni enfermos, ni postrados, cambiaremos nuestra condición de humanidad en progreso .

 

x