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Artículos de opinión

Sumisa "libertad"

9 may 2021 l Leída 909 veces l 2 min l Compartir Artículo

Confundir libertad con justicia social; gobernar bajo presiones populares, apoyarse en el "pan y circo" para mantenerse en el poder, solo nos conducirá a una sociedad insolidaria y egoísta, lejos del principios humanistas legados por nuestros antepasados.

Tras un año sometidos a una cambiante disciplina pública frente a una pandemia que ya ha causado en el mundo cerca de 4 millones de muertos, la sociedad dice sentirse “cansada” y psicológicamente “agotada”. ¿Que hubiera sido si no hubiéramos tenido vacunas tan pronto a nuestra disposición?.
 
Nuestros representantes políticos acordaron imponer un estado de alarma con el fin supremo de preservar la salud de los más débiles, de los más necesitados de protección. Pero la presión social les ha llevado a cambiar de sintonía y a enarbolar ahora la bandera del trabajo y la economía, frente a la continua sangría en las UCI de los hospitales “públicos”.
 
Hemos pasado de aplaudir a los sanitarios como héroes que se enfrentan a un “tsunami” viral, a despreciar olímpicamente su esfuerzo y su trabajo. Esta reacción social es tan miserable y mezquina como la de aquellos que en aras a una manoseada “libertad” reivindican otros valores y principios morales de cara a futuros escenarios post-pandémicos. Y, lo grave del asunto, es que se realiza en el altar de la “democracia”.
 
En este nuevo escenario de contagio político, me pregunto dónde queda la justicia social. Ese principio fundamental sustentado en la verdad, la solidaridad y el bien común. Lo hemos prostituido y enterrado bajo un antiguo principio de gobierno: “el pueblo tiene siempre la razón (aunque no sea verdad) y basta contentarlo con ’pan y circo’”. Mientras tanto, los poderes amparados en tal principio populista se dedicarán a atender “lo suyo”.
 
Es bien sabido que la política es mentirosa e interesada, pero pervertir el sistema (democrático) por una suerte de feudalismo moderno, solo nos conducirá a la ruina de muchos. Si “libertad” significa dar razón a la calle sin ningún tipo de miramientos, las algaradas callejeras serán moneda corriente para reivindicar cualquier cosa; hoy es el botellón y mañana puede ser el salario vital universal.
 
No podemos caer en la torpeza política de creer que la dádiva nos aportará los apoyos necesarios para mantenernos en el poder. Este experimento ya lo practicaron las viejas monarquías europeas en el pasado y el fruto resultante fueron las revoluciones sociales.
 
Las crisis sociales y económicas siempre han sido caldo de cultivo para el advenimiento de “mesías” salvadores, que lejos de conducir a sus pueblos a la bonanza fueron la causa de males superiores a cualquier pandemia.
 
En el momento en que abandonemos nuestros principios sociales y morales; en el momento en que dejemos de tener fe en la posibilidad de construir una sociedad justa, dejaremos de ser una especie civilizada para volver a ser “simios” que luchan por su exclusiva supervivencia. Una sociedad “vacía”, avocada al enfrentamiento y, tal vez, a su propia autodestrucción.
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