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Libros



Madrid-Londres-Berlín. Espías de Franco al servicio de Hitler

Madrid-Londres-Berlín. Espías de Franco al servicio de Hitler, de Javier Juárez, es un libro «muy interesante», según afirma el periodista Manuel Leguineche en el prólogo. «Los agentes de espionaje existen desde el mismo momento en que el hombre aprendió a hacer la guerra. Es, después de la prostitución, el segundo oficio del mundo», dice Leguineche quien también alaba la labor investigadora del autor, ya que «pone al descubierto la miseria y el patetismo de los aficionados españoles, sus mayúsculos errores, sus fallos técnicos y sus presunciones». Pillos y trapisondistas Madrid-Londres-Berlín no es, a pesar de las palabras de Leguineche, «la historia de un ridículo internacional», sino una nómina de retratos de los espías y colaboradores ?casi un centenar? de los que se valió el sistema de inteligencia español para apoyar a Hitler. Como explica Juárez, tras los fracasos alemanes, a finales de 1940 y principios de 1941, Alemania decide utilizar a personas de países neutrales para conseguir información. España desplegó agentes de inteligencia en los países más relevantes en este aspecto: obviamente, el Reino Unido fue un destino prioritario, aunque también se formaron estructuras de espionaje organizadas en Estados Unidos, Turquía? «El saldo fue posiblemente decepcionante para los objetivos germanos, pero movilizó en su contra a numerosos efectivos del MI5 y el MI6 británico.» Como cuenta el autor, muchos de estos personajes han desvelado su aventura como espías, pero algunos han guardado en secreto sus actividades. Madrid-Londres-Berlín revela las acciones de unos hombres, cuyo nombre «había quedado impreso en los expedientes más reservados de la administración de ambos países». La información que la mayor parte de estos espías españoles aportó a los regimenes alemán y japonés no fue de trascendencia fundamental para el desarrollo de la guerra y las hostilidades, pero contribuyó en cierta manera al desenlace final de la historia. Su actuación fue rocambolesca, indiscreta, chapucera, ridícula... El propio MI5, el servicio de contraespionaje británico, la definió «como una opereta cómica propia de los hermanos Marx». Al mejor postor Frente al más conocido Garbo (del que Juárez habló en su anterior libro Juan Pujol, el espía que derrotó a Hitler), la nómina de protagonistas del espionaje español es la otra cara de la moneda. La figura central de este libro es el falangista Ángel Alcázar de Velasco, fundamental en la red británica y captador de futuros colaboradores con el régimen alemán. Se presenta como un hombre peculiar: ex novillero, pintor y periodista, político, espía y escritor, «siempre hombre de acción, irreflexivo y vehemente, Velasco entendía el equilibrio medio como una cobardía vital». Un hombre con pasado fascista que se aferró a sus ideas y que, tras ser encarcelado por ellas, «su actuación política pasó a un segundo plano para convertirse en un consumado conspirador filonazi a la sombra de quien era ya la estrella en alza del régimen franquista y su nuevo protector: Ramón Serrano Súñer». Juárez detalla todos los pormenores de su incorporación al espionaje como vía para «derrotar a Inglaterra, ayudar a Alemania y dar satisfacción a su espíritu aventurero», así que, tras la formación básica como espía, Velasco también espió para Japón y terminó colaborando abiertamente con Alemania. Sus labores de información no se acompañaban de discreción, lo que supuso que desde el principio estuviera estrechamente vigilado por el contraespionaje inglés y ocasionó más de un problema a los servicios secretos españoles. Además, desarrolló su faceta durante muchos años y varios de sus colaboradores afirmaron que «a Velasco le movían más los cuantiosos ingresos que su compromiso ideológico». Su estancia en Londres serviría como captador de nuevos miembros, como Miguel Piernavieja del Pozo. Tenía 24 años cuando comenzó su actividad como agente y, «a pesar de ser considerado como el primer español enviado al Reino Unido para espiar a favor de Alemania, su caso representó un fracaso notorio. Su misión superaba en mucho su capacidad como informador». Juárez afirma que Piernavieja del Pozo y Alcázar de Velasco no fueron los únicos españoles en tierra británica. «Antes de su llegada, ya existían dos redes de información operando en el país con respaldo de varios diplomáticos y militares», pero sus labores eran distintas, ya que vigilaban la actividad de los republicanos españoles exiliados en Londres, principalmente Juan Negrín, último presidente del Gobierno de la República; Pablo de Azcárate, embajador español hasta 1939, o el intelectual Salvador de Madariaga. La red, el cebo y el pescador Otro de los espías destacados fue el periodista Luis Calvo, futuro director de ABC, un intelectual preparado que pasó información a España. Fue uno de los pocos que fue detenido y confinado en el Campo 020, un lugar de reclusión para espías que estableció en servicio de contraespionaje británico, muy eficaz frente a las imprudencias que cometían los espías españoles. Precisamente, los agentes dobles más conocidos del MI5 y el MI6 británico, Kym Philby y Tomás Harris, fueron los encargados de controlar a estos «espías» españoles, que caían inexorablemente en sus trampas («Calvo acababa de cometer el mismo error que Piernavieja del Pozo cediendo ante el engaño del falso espía galés. Desde ese momento el MI5 ya no tuvo ningún reparo en considerarle agente enemigo»). En Madrid-Londres-Berlín se detallan también las personalidades de estas dos figuras del espionaje internacional, todavía no probadas de una manera clara. Tanto Harris como Philby fueron ejemplos del espía perfecto, procedentes del Círculo de Cambridge, una cantera de hombres preparados que formaron al grupo de espías más eficaces de la Segunda Guerra Mundial. En el caso de Philby, «ni él ni sus instructores soviéticos fueron entonces conscientes de la meteórica carrera que le aguardaba, aunque de su talento oculto siempre era posible sospechar esperanzadores resultados». Por su parte, Harris se afincó en España dedicándose a su otra gran pasión, el arte, pero sin resolver «el misterio que envolvió su vida». Tierras de espías No sólo Londres fue la capital de los espías que conspiraban a favor de Hitler, también lugares como Gibraltar, Argelia o Turquía se convirtieron en escenarios importantes. Como detalla Juárez, «la posición estratégica del Marruecos español sirvió como base de observación a algunos agentes alemanes, en la mayoría de los casos para suministrar información naval sobre el paso de los convoyes aliados». En Turquía, «dos diplomáticos españoles jugaron un papel determinante en beneficio del Eje. Tan comprometida resultó su actuación que el propio Gobierno español los reveló de sus puestos en 1943, pero hasta entonces se entregaron voluntaria y decididamente a una misión clandestina que violó de forma reiterada las diplomáticas de su cargo». Se trataba de Pedro Prat y Soutzo y Vladimiro Velinkotny, que «crearon una organización secreta con sede en Estambul integrada básicamente por rusos y griegos, extendidos por una amplia área, y que se servían de su cargo para expedir pasaportes diplomáticos sin la autorización de Madrid, así como visados para falsos valijeros». Y también hubo acciones de sabotaje en Gibraltar, en las que participaron agentes españoles como José Manso Bravo -«un hombre inducido al espionaje por el hambre y la represión»- o José Martín Muñoz, ambos fueron ejecutados en la Roca, convirtiéndose en «las dos únicas víctimas españolas que pagaron con su vida su colaboración con el espionaje alemán». Sin embargo, no toda la acción se desarrollaba en el lado europeo: Puerto España, la capital de Trinidad y Tobago, se convirtió en una ratonera para espías, sospechosos y prófugos, ya que era parada obligatoria en el tránsito marítimo que unía Europa con América. «Fue tal el número de sospechosos de diversas nacionalidades detenidos en la isla que se requirió la construcción de un campo de internamiento. Puerto España se convirtió en el lugar donde más ciudadanos de esta nacionalidad fueron arrestados durante la Segunda Guerra Mundial bajo la acusación de espionaje». En realidad, era la primera fase «de una detención más prolongada y dura en el Campo 020», que se efectuaría entre el otoño de 1942 y los meses finales de 1943». En definitiva, Javier Juárez revela en Madrid-Londres-Berlín detalles y nombres que han permanecido ocultos bajo seudónimos y alias, y que ahora salen a la luz desde la descalcificación de los archivos secretos de estos países. Ellos también formaron parte de la historia oculta de España y se implicaron en el fin de esa gran tragedia llamada Segunda Guerra Mundial, del precisamente este año se cumple el 60 aniversario.

Francisco Javier Juárez Camacho

Javier Juárez, nacido en Madrid en 1968, es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Terminados sus estudios universitarios cursó un máster en información económica impartido por la Universidad Complutense de Madrid y la Asociación de Periodistas de Información Económica y Monetaria en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y sobre el Mercado Único organizado por la Universidad Politécnica de Madrid. Su labor periodística ha estado vinculada durante varios años a los servicios informativos de Telemadrid donde ha ocupado diferentes puestos como el de redactor jefe de información económica, coordinador del informativo de noche y editor de los informativos de fin de semana. Gran estudioso de la historia del siglo xx, en 2004 publicó su primera libro, Juan Pujol, el espía que derrotó a Hitler (Temas de Hoy), en el que mostraba su pasión por la Guerra civil española y por la Segunda Guerra Mundial.

Madrid-Londres-Berlín. Espías de Franco al servicio de Hitler
Editorial: Ediciones Temas de Hoy
Año de publicación: 2005
Características de la edición del libro:
Colección: Historia Viva
Páginas: 304
Precio: 18 euros
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